Galería de arte en St. Petersburg decidió pintar esperanza para Venezuela y donar sus ingresos a los damnificados

El terremoto que golpeó a Venezuela no solo dejó comunidades enteras reducidas a escombros, también despertó, a miles de kilómetros de distancia, el sentimiento de pertenencia de quienes un día tuvieron que abandonar su país, pero jamás dejaron de llevarlo en el corazón.
Hay tragedias que destruyen edificios y otras que estremecen el alma. Y esos sentimientos afloraron en una tranquila calle de St. Petersburg, Florida. La solidaridad encontró un escenario poco convencional: una galería de arte.
Las paredes de D-Gallerie: Original Contemporary Art for Collectors, acostumbradas a exhibir creatividad, belleza e inspiración, hoy también cuentan historias de compasión. Cada cuadro expuesto, cada oferta realizada durante una subasta silenciosa y cada obra donada tienen un mismo propósito, ayudar a quienes lo perdieron todo.
Detrás de esta iniciativa está el venezolano Alejandro Quintero, propietario de la galería, quien sintió que permanecer inmóvil no era una opción.
«Como venezolano y dueño de un negocio decidimos que teníamos que hacer algo», explica con serenidad, aunque sus palabras dejan entrever el peso emocional de ver sufrir a su país desde la distancia.

La respuesta fue inmediata
D-Gallerie organizó una subasta silenciosa cuyos fondos serán destinados íntegramente a los damnificados del terremoto. A ello se suma otro compromiso, durante todo el mes de julio, el diez por ciento de las ventas de la galería también será donado para atender la emergencia.
La ayuda llegará a través de la fundación del pelotero venezolano Carlos Carrasco, organización que desde hace años trabaja llevando asistencia humanitaria a Venezuela y que cuenta con la infraestructura necesaria para hacer llegar medicamentos, agua, equipos de protección y ayuda para los niños que hoy enfrentan una de las peores tragedias naturales de las últimas décadas.
“La meta es reunir 20.000 dólares”, asegura Alejandro. Aunque la campaña apenas comenzaba al momento de la entrevista el pasado sábado 11 de julio, ya habían logrado recaudar cerca de 6.300 dólares gracias a donaciones espontáneas de vecinos, coleccionistas, clientes y amigos de diferentes estados del país.
“No hubo grandes campañas publicitarias. Solo personas convencidas de que incluso un pequeño aporte puede convertirse en una gran diferencia para quien lo ha perdido todo”, agregó el dueño de la galería de arte.
Un lienzo también puede abrazar
Entre las artistas que respondieron al llamado está la venezolana Andrea Tanzi. Sus ilustraciones comenzaron hace años sobre simples servilletas de papel, más adelante pasaron al formato digital, pero conservaron la misma esencia, retratar ciudades, viajes y recuerdos.
Cuando Alejandro la invitó a participar, ni siquiera dudó. «Obviamente podía donar mis obras, soy venezolana, tenemos que hacer cualquier cosa que se pueda para ayudar», dice.
Su familia vive en una zona que no resultó afectada por el terremoto, sin embargo, eso no disminuyó el impacto emocional.
“Las imágenes de edificios destruidos, familias buscando a sus seres queridos y comunidades enteras intentando levantarse nuevamente me acompañaron durante varios días. Confieso me costó dormir”.
Anotó que regresar al trabajo no fue sencillo y que resultaba imposible ignorar el dolor de un país que ya venía enfrentando profundas dificultades económicas y sociales.
«Pensaba qué hubiera pasado si mi familia hubiera estado allí.» Ese pensamiento fue suficiente para comprender que, aunque la distancia física existe, el sufrimiento también puede sentirse desde lejos.
Por eso decidió entregar su arte sin ponerle precio. «Que la gente dé lo que le nazca del corazón», afirma.
Porque cuando la solidaridad habla, el valor de una obra deja de medirse en dólares, su verdadero precio comienza cuando logra aliviar el dolor de alguien.

La creatividad también puede salvar
La solidaridad no conoce idiomas, fronteras ni nacionalidades. El artista filipino-estadounidense Tommy Bayot también aceptó la invitación de inmediato.
Su obra representa un dibujo infantil de un robot elaborado con acrílico sobre un soporte que simula una hoja de cuaderno. Es un homenaje al instante en que nace la imaginación.
“Al momento en que un niño comienza a descubrir el poder de crear, un mensaje para muchos de esos menores de edad sobrevivientes al terremoto, su ingenio después de esta tragedia puede ser un camino, una salida al éxito”.
Para Bayot, incluso esos primeros dibujos merecen ser exhibidos en una galería porque representan el origen de la creatividad humana, pero esta vez su obra adquirió un significado diferente.
“Ya no solo celebra la imaginación, también representa la capacidad del arte para construir esperanza en medio de la devastación. Espero que los recursos recogidos sirvan de la mejor manera a los damnificados. Es un terremoto devastador que necesita la atención mundial y la ayuda de todos los que podamos hacerlo», afirma.
Su gesto confirma que la solidaridad no depende del lugar donde se nace, depende del lugar desde donde se mira el dolor ajeno.
Una comunidad que decidió no mirar hacia otro lado
En St. Petersburg nadie preguntó si las víctimas eran familiares. Nadie pidió conocer sus nombres antes de ayudar, simplemente entendieron que detrás de cada fotografía del desastre había personas intentando reconstruir su vida. Eso bastó.
Cada donación representa algo más que dinero, representa horas de trabajo convertidas en medicamentos. Una pintura transformada en agua potable, una escultura convertida en alimentos, una obra de arte convertida en esperanza.
Mientras Venezuela intenta levantarse entre los escombros, cientos de manos se extienden desde Florida para recordarle que no está sola.
Porque la solidaridad tiene esa extraordinaria capacidad de acortar las distancias y el arte posee un lenguaje que no necesita traducción, habla directamente al corazón.

Mucho más que una exposición
Quizá dentro de algunos meses muchas de estas obras ya no cuelguen de las paredes de D-Gallerie y habrán encontrado nuevos hogares, pero dejarán algo mucho más valioso que una colección privada.
Dejarán la certeza de que, incluso en los momentos más oscuros, siempre aparecen personas dispuestas a encender una luz.
Alejandro Quintero, Andrea Tanzi y Tommy Bayot demostraron que un pincel puede convertirse en ayuda humanitaria; que una galería puede transformarse en un puente de esperanza; y que la creatividad también puede sanar.
Porque cuando el arte decide ponerse al servicio de la vida, deja de ser únicamente una expresión estética, se convierte en un acto de amor.
Y en tiempos de tragedia, quizá no exista una obra más valiosa que esa.
“Cualquier granito de arena ayuda, todo lo que puede ser indispensable para nosotros de verdad es mucha ayuda. El GoFundMe lo encuentran en la página web www.d-gallery.com, ahí tenemos un enlace que directamente te lleva al GoFundMe. En Instagram @d_gallerie, ahí también tenemos un enlace. Gracias a todos”, finalizó, Alejandro Quintero.



