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El aroma del cempasúchil mantiene viva la tradición mexicana en Florida

De una pequeña parcela a siete acres de cultivo, la familia Sánchez convirtió una tradición familiar en un punto de encuentro para la comunidad hispana. Cada año, miles de flores naranjas anuncian la llegada del Día de los Muertos en Plant City.

Por: Juan José Posada

PLANT CITY, Florida. — El naranja intenso de la flor de cempasúchil anuncia que se acerca una de las celebraciones más arraigadas en la cultura mexicana: el Día de los Muertos.

En Plant City, Florida, ese color se extiende sobre los campos de la Granja Sánchez, donde una familia mexicana encontró la manera de mantener vivas sus tradiciones lejos de su tierra natal y, al mismo tiempo, compartirlas con miles de personas.

Entre hileras de flores recién cosechadas, puestos de comida, artesanías, caballos y danzas tradicionales, la granja se ha convertido en mucho más que un lugar para comprar flores. Es un espacio donde la memoria de los antepasados se encuentra con la vida de una comunidad que busca preservar sus raíces en Estados Unidos.

Detrás de esta iniciativa están Carolina López y su esposo, Fidel Sánchez, quienes en 2019 decidieron aventurarse en el cultivo de una flor que para ellos representa mucho más que una planta ornamental. La idea nació de una pregunta sencilla, pero cargada de nostalgia: ¿cómo conseguir en Florida las flores que acostumbraban colocar en las ofrendas de sus seres queridos en México cada primero y dos de noviembre?

La respuesta fue sembrarlas ellos mismos.

De una parcela de un acre a siete acres de cultivo, la familia Sánchez convirtió una necesidad familiar en un negocio que atrae a miles de visitantes y conecta a la comunidad hispana con sus raíces mexicanas.
La demanda por la flor llegó principalmente de familias mexicanas residentes en Plant City, además de compradores de Guatemala y El Salvador que también celebran el Día de los Muertos.

Una apuesta familiar que echó raíces

El comienzo no fue sencillo. Con parte de sus ahorros, Carolina y Fidel destinaron un acre de terreno al cultivo. El primer año estuvo marcado por los ensayos, los errores y el aprendizaje. Apenas la mitad de lo sembrado logró prosperar; el resto se perdió.

Pero aquella primera experiencia no apagó el entusiasmo de la pareja. Por el contrario, les permitió conocer mejor la tierra, aprender a preparar los surcos, ajustar el riego y descubrir los cuidados que requería la planta.

“En nuestro país acostumbramos a ponerles flores a nuestros difuntos en las fechas del primero y el dos de noviembre. Estando aquí en Florida, hace ya muchos años, nos preguntábamos cómo haríamos para conseguir estas flores. Y dijimos: ¡vamos a sembrarlas!”, recuerda Carolina.

En 2020 llegó la primera cosecha destinada también a la venta. Lo que inicialmente habían pensado como una pequeña producción para el hogar terminó convirtiéndose en una oportunidad de negocio.

Carolina recuerda que cargaron una camioneta grande con las flores cosechadas y salieron a venderlas. La sorpresa llegó pronto: alrededor de las nueve de la mañana, la mercancía se había agotado. Repitieron la operación hasta completar tres cargas, y toda la producción encontró comprador.

La respuesta de la comunidad mexicana de Plant City, acompañada por familias de países centroamericanos como Guatemala y El Salvador que también mantienen tradiciones vinculadas al recuerdo de sus difuntos, confirmó que existía una necesidad que nadie estaba atendiendo de aquella manera.

La familia decidió ampliar la siembra año tras año. Lo que comenzó como un experimento doméstico se transformó en una actividad agrícola con una temporada de ventas cada vez más concurrida.

Hoy, la Granja Sánchez cuenta con siete acres dedicados al cempasúchil y ha extendido su alcance más allá de la bahía de Tampa. Compradores de Georgia, Carolina del Norte y Carolina del Sur llegan para adquirir flores al por mayor. Atlanta, explica Carolina, se encuentra entre los mercados que más compran su producción.

Iván Pliego, cónsul de México en Orlando, dialoga con Carolina y destacó el valor cultural y comunitario de la iniciativa. También manifestó la disposición del consulado a continuar acompañando a la comunidad y acercarla a nuevas oportunidades.
El crecimiento de la Granja Sánchez no se limitó a multiplicar las flores. Fidel tuvo otra idea: convertir la venta de temporada en una feria que ofreciera a los visitantes una experiencia más amplia.

De los campos a una feria de tradición y cultura

El crecimiento no se limitó a sembrar más flores. Fidel Sánchez tuvo otra visión: convertir la venta de temporada en una feria que reuniera distintas expresiones de la cultura mexicana y latinoamericana.

Así, la granja comenzó a recibir a sus visitantes con una oferta que va mucho más allá de la cosecha. Entre los puestos se encuentran artesanías mexicanas y de otros países, propuestas gastronómicas, exhibiciones de caballos, jaripeo y presentaciones de danzas tradicionales.

La transformación ha hecho que el lugar funcione como un punto de encuentro para familias que llegan no solo a comprar cempasúchil, sino también a disfrutar de actividades que evocan sus lugares de origen y permiten a las nuevas generaciones acercarse a sus tradiciones.

La preparación comienza meses antes de que los visitantes recorran los campos. Desde agosto, la familia organiza las zonas de cultivo y prepara la tierra. El proceso incluye el acondicionamiento del terreno, la instalación y mejora de los sistemas de riego, la siembra, la aplicación de fertilizantes y los cuidados necesarios hasta la cosecha.

Son aproximadamente cuatro meses de trabajo para conseguir que las flores estén listas en una de las épocas más importantes del calendario cultural mexicano.

La recompensa se aprecia en el color de los campos y en la respuesta del público. Para Carolina, cada temporada también representa una nueva oportunidad de aprender y mejorar. Seis años después de iniciar el proyecto, la experiencia acumulada sigue siendo parte fundamental del crecimiento de la granja.

El sentido del cempasúchil sigue siendo el mismo desde que Carolina y Fidel decidieron cultivarlo: una flor indispensable en las ofrendas que aprendieron a preparar de sus abuelos.

Dos millones de flores y una comunidad que crece

La dimensión que ha alcanzado el negocio se refleja en el volumen de su producción y en la cantidad de personas que participan en la temporada.

Carlos López, empleado de la granja desde 2021 y encargado de las ventas, conoce de cerca el movimiento que se genera cuando llegan los días de mayor actividad. Su labor consiste en atender al público, orientar a los compradores y ayudar a mantener organizada la operación comercial.

Según sus estimaciones, la producción alcanza aproximadamente dos millones de flores por temporada. Tomando como referencia un peso promedio de entre ocho y doce gramos por flor, el volumen equivale a unas 16 a 24 toneladas métricas de producto fresco.

El movimiento también se refleja en el empleo. Durante la temporada, alrededor de 60 personas trabajan en la granja, en su mayoría hispanas, de acuerdo con López.

“Nos apoyamos entre nosotros”, explica al describir el ambiente laboral y la dinámica de una actividad que crece a medida que aumenta la cantidad de visitantes y compradores procedentes de distintos puntos de Florida y de otros estados.

La organización de la granja se ha convertido en una tarea cada vez más exigente. No se trata únicamente de cosechar y vender: hay que atender a las familias, coordinar los puestos, facilitar las compras al por mayor y ofrecer actividades que hagan de la visita una experiencia para personas de distintas edades.

Cada año, cuenta López, la intención es incorporar novedades. Los caballos, el jaripeo y las danzas mexicanas forman parte de los atractivos que despiertan el interés de los asistentes.

La flor sigue siendo el corazón del negocio, pero alrededor de ella ha surgido una actividad que conecta agricultura, comercio, cultura y comunidad.

Carlos López, quien trabaja en la granja desde 2021, está al frente de las ventas y atiende a los visitantes durante la temporada de mayor actividad.

Una flor que guía el camino de los difuntos

La importancia de la Granja Sánchez adquiere otra dimensión cuando se comprende el significado del cempasúchil para la cultura mexicana.

Durante su visita al lugar, Iván Pliego, cónsul de México en Orlando, destacó el valor de iniciativas como esta para preservar y difundir las tradiciones de su país en Florida. Su presencia también permitió subrayar el vínculo de la granja con la comunidad mexicana y el acompañamiento que el consulado busca brindar a estos espacios.

Pliego explicó que el cempasúchil forma parte de una tradición de raíces prehispánicas, relacionada con la memoria de quienes han fallecido y con las creencias ancestrales sobre el camino que recorren después de la muerte.

En esas cosmovisiones, el recuerdo de los difuntos ocupa un lugar central. La flor, con su intenso color naranja, se incorpora a las ofrendas y a los altares como símbolo de luz y guía, una manera de mantener viva la conexión entre quienes permanecen y quienes ya partieron.

El diplomático aludió al Mictlán, el lugar de los muertos en la tradición mexica, para explicar la profundidad histórica de estas creencias y su permanencia a través de los siglos.

“Es el culto del recuerdo de los que nos antecedieron. Recordarlos, mantenerlos presentes en la memoria, en nuestro corazón”, señaló Pliego, quien expresó su satisfacción por conocer por primera vez la granja y por la posibilidad de fortalecer el trabajo conjunto con la comunidad.

El cónsul resaltó también que el crecimiento de negocios como el de los Sánchez refleja la presencia y las contribuciones de las comunidades mexicanas y latinoamericanas en Florida y en los Estados Unidos.

Sobre el acompañamiento consular, manifestó su disposición a continuar trabajando con esta comunidad, acercarla a nuevas oportunidades y seguir brindándole apoyo. Para la familia Sánchez, ese acercamiento representa una oportunidad de dar mayor visibilidad a una actividad que combina producción agrícola, emprendimiento y patrimonio cultural.

En 2019, Carolina y Fidel invirtieron parte de sus ahorros en una parcela de un acre. El primer intento fue también una escuela de agricultura: apenas la mitad del cultivo prosperó, mientras el resto se perdió.

Sembrar lejos de México, cosechar identidad

Para Carolina López, el significado de la flor nunca ha cambiado, pese a que el proyecto ha crecido de manera extraordinaria desde aquella primera parcela.

El cempasúchil sigue siendo parte de una costumbre aprendida de sus abuelos: preparar las ofrendas para recibir simbólicamente a los seres queridos durante el Día de los Muertos. Su color, explica, representa esa luz que orienta el camino de quienes regresan al recuerdo de sus familias.

Esa herencia es la que la pareja quiso conservar cuando decidió sembrar en Florida. Sin proponérselo inicialmente, también encontró una forma de compartirla con otras familias inmigrantes y con quienes desean conocer una celebración profundamente ligada a la identidad mexicana.

En la Granja Sánchez, el trabajo comienza mucho antes de que los primeros visitantes lleguen a comprar sus flores. Hay que preparar la tierra, cuidar las plantas, vigilar el riego y esperar pacientemente a que los campos se llenen de color. Después llegan las ventas, las familias, los puestos de comida, la música y las danzas.

Al final, la cosecha representa algo más que dos millones de flores. Es el resultado de una apuesta familiar que encontró en la tradición una oportunidad de crecimiento y que ha contribuido a crear un espacio donde la comunidad puede reunirse, reconocerse y mantener vivas sus costumbres.

En Plant City, lejos de los pueblos y las ciudades de México donde nació esta tradición, el cempasúchil vuelve a cumplir su propósito simbólico: iluminar el recuerdo de los que ya no están y recordar a quienes siguen aquí de dónde vienen.

Porque algunas raíces no dependen del lugar donde se nace. Basta con sembrarlas, cuidarlas y compartirlas para que vuelvan a florecer.

Juan Posada

Periodista experiencia en medios de comunicación y en el sector público en Colombia. He trabajado como asesor de prensa de la Presidencia y del Ministerio de Ambiente, así como jefe de comunicaciones en importantes entidades nacionales. En el mundo de los medios, me he desempeñado como presentador, reportero, productor, camarógrafo y editor. Me apasiona contar historias y crear estrategias de comunicación innovadoras que conecten con la audiencia a través de la televisión, la radio y los medios digitales.

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